Imagínate creciendo en una familia tradicional donde tus sueños artísticos no encajan con los planes establecidos. Así fue la infancia de Óscar de la Renta, nacido en 1932 en Santo Domingo, República Dominicana. Desde pequeño, sentiste una fuerte inclinación por el arte, alentado por tu madre, pero enfrentaste el escepticismo de tu padre, quien prefería que te dedicaras al negocio familiar de seguros. No era fácil ir a contracorriente, pero tu pasión era más fuerte que cualquier imposición.
A los 15 años decidiste dar un paso que cambiaría tu vida: entraste a la Academia de Bellas Artes en Santo Domingo. Y con solo 18 años, te fuiste a Madrid a estudiar pintura en la Real Academia de San Fernando. Allí descubriste algo más poderoso que el óleo y el lienzo: el lenguaje de la moda. Entre trenes por Andalucía y fiestas populares que te deslumbraron, comenzó a tomar forma una estética que marcaría tu sello para siempre: color, elegancia y esencia mediterránea.
Las dificultades económicas aparecieron cuando tu padre dejó de enviarte dinero. En lugar de rendirte, empezaste a ilustrar moda para casas de alta costura. Y así, casi sin buscarlo, se encendió la chispa. Gracias a la Baronesa de Bodisco, tus primeros diseños comenzaron a circular. Un encargo clave —el vestido de puesta de largo para la hija del embajador estadounidense— fue tu debut real. Poco después, fuiste aprendiz del gran Cristóbal Balenciaga, y más tarde, trabajaste en París con la casa Lanvin. Todo sin perder esa energía creativa que te había empujado desde Santo Domingo.
Construyes tu imperio: Nueva York, primeras damas y una marca legendaria
En 1963 decidiste mudarte a Nueva York. Dos años más tarde, fundaste tu propia marca: Óscar de la Renta. Y con ella, literalmente vestiste la historia. Desde Jackie Kennedy hasta Michelle Obama, tus diseños acompañaron a algunas de las mujeres más influyentes del mundo. Nunca buscaste el escándalo ni la extravagancia, dijiste: “Diseño ropa para que las mujeres la lleven. No me interesa el impacto gratuito, solo crear belleza”.
Tu estilo era inconfundible: siluetas bien definidas, volúmenes románticos, bordados impecables y colores vibrantes. Pero más allá de la técnica, tu ropa hablaba un idioma universal: el de la elegancia atemporal. Actrices, cantantes y modelos desfilaron con tus creaciones: desde Penélope Cruz hasta Scarlett Johansson, desde Shakira hasta Sarah Jessica Parker. Y tú, siempre con los pies en la tierra, nunca perdiste de vista tu misión: hacer que las mujeres se sintieran poderosas, bellas y únicas.
Tus desfiles eran un acontecimiento y tus vestidos de novia, auténticas obras de arte. No te detuviste en la alta costura: diseñaste perfumes, gafas, bolsos, joyas, ropa masculina… hasta los uniformes de los Boy Scouts de América, ¡y gratis! También presidiste el Consejo de Diseñadores de América en dos ocasiones. Y en todo momento, tu marca fue sinónimo de clase, compromiso y visión.
Un legado que trasciende: generosidad, tecnología y corazón caribeño
Cuando falleciste en 2014, el mundo de la moda perdió a un referente, pero tú dejaste un legado difícil de igualar. No solo por tu talento, sino por tu generosidad. Fundaste organizaciones para ayudar a niños sin recursos en tu querida República Dominicana, país al que jamás diste la espalda. Siempre hablaste con orgullo de tus raíces, llevando tu identidad hispana como bandera, con la misma elegancia con la que vestías a reinas y celebridades.
Pero tampoco te quedaste anclado en el pasado. Supiste adaptarte a los tiempos, apostando por la tecnología cuando muchos de tu generación aún dudaban de ella. En 2016, incluso después de tu partida, tu marca colaboró con Apple usando realidad aumentada para presentar diseños en el Apple Watch. Fuiste pionero en unir tradición y vanguardia sin perder la exclusividad que siempre te caracterizó.
Te comparaban con Julio Iglesias —otro icono latino— por tu carisma, tu éxito global y tu capacidad de conectar con distintas generaciones. Y no era para menos. Supiste hacer de la moda un puente entre culturas, entre épocas, entre lo clásico y lo nuevo. Y lo hiciste sin artificios, con una sonrisa, una rosa en la solapa y una visión muy clara de lo que significa la belleza.
Hoy y siempre: la marca Óscar de la Renta sigue brillando
Aunque ya no estés físicamente, tu legado sigue tan vivo como tus bordados. La marca Óscar de la Renta continúa siendo sinónimo de elegancia, feminidad y distinción. Está presente en boutiques exclusivas, grandes almacenes como Saks Fifth Avenue o Bergdorf Goodman, y también en plataformas digitales como Net-a-Porter y Farfetch. Tus vestidos aún son portadas, tus desfiles aún marcan tendencias, y tu visión sigue inspirando a nuevas generaciones de diseñadores y soñadores.
Lo más impresionante es que tu esencia permanece intacta. La marca no solo vende ropa, celebra la belleza en todas sus formas. Como tú lo hiciste. Como tú lo creíste. Cada diseño sigue siendo una declaración: lo bello no es lo complicado, es lo auténtico, lo que conecta, lo que eleva.
Y tú, ¿qué te llevas de esta historia? Que nunca es tarde para reinventarte. Que puedes venir de un rincón del Caribe y conquistar París, Madrid y Nueva York si crees en tu talento. Que el arte, cuando nace del alma, encuentra su camino. Y que el estilo, como el carácter, no se compra: se cultiva.
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