Barbara Hillary, la mujer que llego al polo norte y polo sur, nació el 12 de junio de 1931 en Harlem, Nueva York, en plena Gran Depresión. Creció en un apartamento tan modesto como lleno de libros: su madre—ama de llaves—le enseñó que la pobreza económica no era excusa para la “pobreza mental”.
Esa convicción inoculó a la pequeña Barbara una curiosidad voraz que, décadas más tarde, la llevaría literalmente a los confines del planeta. A pesar de quedarse huérfana con dos años, vivir en un barrio marginado, no le impidió ser enfermera, trabajar y superar todos los obstáculos que en aquella época existía para las personas de color, se ha convertido en una historia inspiradora, con una lección de vida que no tienes que olvidar.
De enfermera y superviviente de dos cánceres a aventurera polar
Hillary obtuvo sendos grados en gerontología en The New School y ejerció 55 años como enfermera geriátrica en el sistema público neoyorquino. En el camino sorteó un cáncer de mama a los 20 y un cáncer de pulmón a los 67, que le robó un 25 % de capacidad pulmonar. Cualquiera habría archivado los sueños de juventud; ella los amplificó.
Ya jubilada, Hillary vio un dato que la indignó: ninguna mujer negra había pisado el Polo Norte. Ese golpe al orgullo se transformó en misión. Aprendió esquí de fondo con 75 años, contrató entrenador personal y escribió cientos de cartas para recaudar los 25 000 dólares que costaba la plaza en la expedición. Antes de existir Kickstarter, ella misma fue su crowdfunding.
23 de abril de 2007: el Norte se rinde
Con 75 años—y cargando los años como medallas—Barbara Hillary clavó la bandera en el Polo Norte a 40 °C bajo cero. Se convirtió en la primera mujer afroamericana y en una de las personas de más edad en conseguirlo. La hazaña le valió titulares globales y abrió la puerta a conferencias motivacionales donde repetía: “La edad es un dato, no un dictamen”.
Cuatro inviernos después, con 79 años, tomó un avión a la Antártida, se calzó los esquís y llegó al Polo Sur, completando el logro doble que hasta entonces era coto privado de varones blancos y mucho más jóvenes. Selló así su lugar en la historia: primera mujer negra en hollar ambos Polos.
Lejos de colgar las botas, Hillary orientó su reputación a la divulgación sobre cambio climático. Viajó a Mongolia en 2019—ya con 88 años y salud delicada—para documentar el impacto del calentamiento en los nómadas kazajos. Hablaba claro: “Si no soñamos, nos morimos por anticipado”. Su mensaje mezclaba urgencia ambiental y empoderamiento personal.
¿Qué puedes aprender de mujer tan inspiradora?
- Reinvención a cualquier edad: Hillary empezó a entrenar para el Ártico cuando otros planifican una jubilación tranquila. Prueba viviente de que los 50, 60 o 70 son plataformas de lanzamiento, no zonas de aparcamiento.
- Resiliencia física y mental: Sobrevivir a dos cánceres no la volvió prudente; la volvió audaz. Aprendió a gestionar el miedo transformándolo en energía cinética.
- Red de apoyo autocreada: Sin redes sociales ni plataformas de micromecenazgo, usó comunicación directa, contactos y prensa local para financiar su sueño. Su éxito demuestra que la causa correcta llama a las puertas adecuadas… si tú llamas primero.
- Propósito más grande que el ego: Sus charlas posteriores se centraron en inspirar a otros a “explorar todo lo que pueda ampliarte”, desde una nueva carrera hasta la defensa del planeta.
- Visión de legado: Barbara no buscó fama efímera; buscó dejar un rastro luminoso para las siguientes generaciones de exploradoras, mujeres, personas racializadas y, en general, ciudadanos que se sienten “demasiado mayores” para empezar de cero.
Barbara Hillary falleció el 23 de noviembre de 2019 en Queens. Tenía 88 años y planes para Rusia en la mesa de noche. Su vida es una brújula que apunta al mismo norte para todos: la posibilidad constante de reinventarnos. Si la próxima vez que mires el calendario piensas “ya es tarde”, recuerda a la enfermera de Harlem que convirtió la pos‑jubilación en épica, y pregúntate sin rodeos: ¿qué Polo personal estás posponiendo? Ajusta tu equipo, reúne tu equipo humano y, sobre todo, arriésgate a dar el primer paso. Porque, parafraseando a Hillary, “lo único peor que morir de viejo es morir de aburrimiento”.
En este video puedes verla dando una charla inspiradora.
También te puede interesar la vida de Kathryn Jossten