Barbara Beskind: la inventora 

Así que Barbara Beskind, con la tenacidad dulce de los visionarios, encontró otra manera de servir: estudió Terapia Ocupacional en la Ithaca College, y desde allí se embarcó en una vida de servicio y diseño… aunque el título no dijera “ingeniera”.

Su vocación la llevó a entrar en el Ejército de los Estados Unidos, donde sirvió durante 20 años y alcanzó el rango de teniente coronel. Durante su carrera militar, desarrolló programas pioneros para ayudar a los soldados con discapacidades físicas y psicológicas a reinsertarse en la vida civil. Diseño y humanidad, integrados desde siempre.

Pero su historia no terminó ahí. Lo mejor estaba por venir. A los 89 años.

En 2013, ya jubilada, Barbara Beskind vio una entrevista televisiva con un ejecutivo de IDEO, una de las firmas de diseño más influyentes del mundo. Él hablaba de la importancia de incorporar diversas perspectivas al proceso de innovación.

Y Barbara Beskind, con 89 años de vida, una carrera en el ejército y décadas de observación humana, pensó: “Yo tengo esa perspectiva.”

Así que escribió una carta. No un email. Una carta física, con tinta, alma y convicción.

IDEO no solo respondió. La contrataron. Se convirtió en diseñadora residente. No como símbolo de inclusión, sino como experta con sabiduría práctica.

Barbara Beskind no diseñaba desde PowerPoint ni desde salas de brainstorming con paredes de vidrio y post-its de colores. Diseñaba desde la experiencia real. Desde el cuerpo que ha sentido el paso del tiempo, desde la visión que cambia, desde el equilibrio que titubea.

Contribuyó al diseño de bastones más ergonómicos, lentes que no resbalan, y otros productos pensados para personas mayores. Porque ella era esa usuaria, y eso la convertía en la mejor diseñadora posible.

1. Nunca es tarde para empezar otra vez

A los 89, Barbara Beskind no se jubiló del mundo: se reincorporó a él con más fuerza que nunca. La edad no es una traba, es una herramienta.

2. La experiencia es el nuevo superpoder

Bárbara Beskind tenía décadas de contacto con pacientes reales, soldados, adultos mayores. Su mirada era funcional, compasiva y precisa. Era el tipo de sabiduría que no se aprende en una maestría.

3. El diseño más importante es el de tu vida

Cada etapa fue un prototipo, una evolución. Barbara nos recuerda que podemos rediseñarnos, tantas veces como sea necesario.

4. La diversidad genera innovación real

Incluir a una mujer de 90 años en un equipo creativo no es un acto simbólico: es una decisión inteligente. Innovar no es inventar lo nuevo, es mirar con otros ojos.

Barbara Beskind no solo diseñó objetos. Rediseñó paradigmas. Demostró que la pasión no tiene fecha de vencimiento, que el propósito no envejece y que la creatividad florece incluso cuando los años se acumulan como medallas.

Su historia nos deja una pregunta que debería acompañarnos todos los días:

¿Y si lo que me hace diferente… es exactamente lo que el mundo necesita?

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